Que un informe internacional revele que el 5% de la población mundial consume drogas ilegales, asusta. Que este consumo haya crecido un 12% de 2003 a 2004, impacta. Son 200 millones de seres humanos que, con mayor o menor frecuencia, consumen anfetaminas, éxtasis, marihuana o cocaína, a pesar de las millonarias inversiones que hacen los organismos internacionales para la prevención y la represión del consumo.
En algo está fallando la estrategia. Tal vez las tácticas basadas en el miedo y la represión deben ser revisadas, porque mientras los consumidores sigan aumentando, el mercado ilegal seguirá siendo un negocio muy rentable y la drogadicción uno de los puntos débiles de nuestras sociedades.
Mientras tanto, no les quitemos el ojo a las drogas legales: el alcohol hace estragos en nuestro país y degenera en violencia; el cigarrillo provoca un gasto médico y un sufrimiento familiar innecesario.