Los llamados "privilegios" de que gozan algunos funcionarios solo serían admitidos por los ciudadanos si se utilizaran de manera razonable y para facilitar el desempeño de esos "servidores públicos". Cuesta creer que para ser un buen diputado sea necesario tener un lujoso auto deportivo y de última moda, o que para ejercer un cargo público en beneficio de la colectividad sea imperioso pasearse en más de 100 mil dólares sobre ruedas. No es irritante.
Es intolerable. Cuando se pasa frente a la Asamblea Nacional, en el semáforo, dos niñas y un niño que no alcanzan los 10 años de edad piden dinero todos los días. Da igual si llueve o si el sol decide ensañarse con su ya maltratada piel. Ellos están al pie de la vía por donde puede pasar un diputado en una camioneta 4x4 que vale más de lo que la familia de esos niños verá en toda una vida de pelea con la pobreza. Privilegios. ¿Hace falta algún comentario más?