La oferta turística panameña es extraordinaria. El desarrollo de este sector abre al país posibilidades ilimitadas de generación de divisas y empleos. El turismo tiene la capacidad de impactar todos los sectores de la cadena productiva a lo largo del país, desde las remotas áreas indígenas y los humildes artesanos del interior, hasta los grandes empresarios.
Pero estos primeros pasos que damos en un mercado que es extremadamente competitivo a nivel internacional, tiene necesariamente que ir acompañado de políticas coherentes de promoción exterior y la adecuación de toda la estructura que debe estar disponible para la llegada de los visitantes. Como proyecto nacional, tenemos un déficit enorme, no solo en materia de promoción del Istmo como destino atractivo, sino a nivel de estructuras físicas y la pésima calidad de atención y cortesía que, salvo contadas excepciones, encuentran nacionales y extranjeros.