La corrupción es mucho más que un estorbo. Es pesado lastre que carga nuestra sociedad e impide avanzar hacia una sociedad más justa y próspera.
Y si bien es cierto que la actual Administración ha tomado iniciativas tendientes a mejorar la transparencia, la ciudadanía se siente insatisfecha por una razón muy contundente: en el país reina la impunidad. Los panameños encuestados consideran que no se hace suficiente, apreciación harto justificada al ser todos testigos del despilfarro y la ostentación de fortunas malhabidas.
Bien aceitado y coordinado funciona un aparato judicial, convenientemente repartido entre afectos del PRD y arnulfistas, dispuesto a garantizar el imperio de la impunidad. Este gobierno prometió cero corrupción, frase que suena a mera propaganda electorera porque, a 10 meses de gestión, aún nadie ha sido condenado por corrupción.