La realidad del país es como la espalda maltrecha de un deportista. Los espasmos musculares se suceden y el nuevo tirón hace olvidar el dolor anterior a una velocidad sorprendente. Y lo más grave es que el espasmo es solo un síntoma de algo más grave.
Igual pasa con la realidad. Hoy, con el recuerdo de la victoria deportiva y las hojas del calendario cayendo, parece que los disturbios y tensiones por el Seguro Social fueran un espasmo pasado. No tentemos a la suerte.
El país necesita de buenas noticias en el diálogo nacional, aunque todo parezca indicar que no va a ser así. El plazo de 90 días caducará –igual que en el caso de la Comisión de Estado por la Justicia– y los espasmos pueden volver convertidos en hernia discal. Si el Gobierno no pone de su parte y los gremios no muestran sus ideas ingeniosas para salvar la Caja, en unas semanas el dolor de la realidad puede volvernos a tumbar.