Los panameños y panameñas ganamos ayer. Da igual lo que marcara el partido de la final de la Copa de Oro. Panamá ganó porque no es lo mismo saltar a la cancha siendo el sexto del mundo (Estados Unidos), que alzarse al terreno desde la posición 83 (Panamá). Porque cuando una final llega a la fase de los penales es como entrar a un casino soñando con la riqueza del azar.
Los jugadores de la selección serán recibidos hoy como lo que son: héroes deportivos de un país donde el deporte ha sabido regalarnos alegrías a pesar del poco soporte oficial y privado. La fanaticada debe vivir hoy su ‘goma’ futbolística con el sabor dulce de haber sentido por unas horas cómo el país se unía, sin importar orígenes o filiaciones.
Ojalá, tras estos días de gloria, la ciudadanía se sienta igual de solidaria para enfrentar otros asuntos menos agradables. Ojalá no nos olvidemos de los deportistas que, hasta la próxima competencia, necesitan de apoyo, recursos y perseverancia.