En el Sistema Penitenciario han caído algunas manzanas podridas. Sería injusto no alegrarse por el hecho de ver que los corruptos son detectados y separados (todavía no podemos asegurar que se haga justicia). Pero aún queda el sabor amargo de pensar por qué siempre que se anuncian estas investigaciones internas, invariablemente afectan, en el mejor de los casos, a mandos medios o, en el peor, al último de la fila.
Hay pruebas suficientes en nuestro país de que la corrupción está instalada en todos los escalones de la jerarquía. La diferencia pública suele ser que los de poca monta son separados, expuestos al escarnio y humillados; los importantes aparecen en comunicados de prensa que hablan de renuncias justificadas con los más ingeniosos motivos. ¿Algún día seremos testigos del ejemplar enjuiciamiento de los que desde arriba han robado sin ningúnpudor?