Cualidades, valores y virtudes se inculcan, se practican y así logran ser parte de lo cotidiano. Los pueblos surgen y crecen a la sombra de una buena educación con el debido apoyo a la cultura nacional.
Los expertos señalan que vivimos un atraso cultural de 30 años, con la debilidad que ello conlleva no solo como panameños sino como seres humanos. Este vacío ha sido llenado por antivalores, sobresaliendo el juega vivo y la corrupción que enriquecen a unos pocos perjudicando a los muchos. Como para darnos esperanza, la semana de la transparencia contra la corrupción concluyó con la caída del primer pez gordo.
Es una valiosa oportunidad para aplicar sanciones ejemplares, que sumadas a políticas adecuadas de apoyo a la cultura nacional, nos permitirán erradicar el patrón no deseado y recuperarnos del añejo y sistemático retardo en que estamos sumergidos por la desidia de nuestros gobernantes de crecer como nación libre, educada y, por supuesto, sin corrupción.