El recrudecimiento de los combates en Irak puede sonar a lluvia sobre mojado, pero cada muerto tiene nombre y apellidos, y cada nuevo embate violento cuenta con una razón política que lo apuntala.
Ayer, los choques en el centro de Bagdad dejaron para la estadística del horror 15 muertos y decenas de heridos. Pero, además, sembraron de mensajes de miedo el plazo que vence hoy para que las facciones locales enfrentadas lleguen a un acuerdo sobre la nueva Constitución que debe servir de cimiento para un nuevo modelo de Estado.
El mensaje suní fue claro: si se avanza a una Carta Magna federalista que dé autonomía a las provincias del sur, la otrora minoría en el poder no va a dejar de lanzar bombas ni de disparar balas. Irak se consolida como el peor quiste geopolítico de nuestra época, así que no suena como buena idea enviar a 200 panameños a trabajar en tierra de fuegos cruzados. Nuestro gobierno debería buscar alternativas para los cientos de personas que pelean por necesidad uno de esos puestos de trabajo suicidas.