Hoy por Hoy 2005/09/01

Al cabo del primer año de la gestión presidencial, la balanza presenta cargas de ambos lados. Del lado positivo, Torrijos tuvo la entereza de afrontar temas de poca popularidad y alto costo político, entre ellos: la reforma fiscal y la crisis de la CSS. Sumamos la eliminación de las ataduras a la Ley de Transparencia, la divulgación del uso de las partidas discrecionales y, por supuesto, la derogatoria de las leyes mordaza.

También cuenta a su favor el manejo a los retos del comercio exterior, incluyendo el TLC con Singapur, los avances de las rondas de negociación con EU, y la victoria para las exportaciones bananeras a la Unión Europea. Pero, queda pendiente una importante y pesada lista de iniciativas que inclina la balanza en su contra y que pone en evidencia a un mandatario preso de la indecisión con un liderazgo político tibio. Existe un aumento grave en la percepción de inseguridad ciudadana y desconcierto en cuanto al rumbo económico del país.

La agenda social parece no avanzar y dentro de la enorme frustración que causa la vergonzosa impunidad que impera, el Presidente no ha concertado un acuerdo político nacional -que solo él puede liderar- que permita una verdadera reforma del Órgano Judicial. Son temas cuya solución es imperativo para la presente administración y para el país, que reclama del Presidente su liderazgo para hacer buenas las expectativas que surgieron de su elección.

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