La seguridad siempre se compone de dos elementos. Uno es real y tiene que ver con el número de efectivos y recursos de las fuerzas de seguridad del Estado.
El otro es de imagen y se traduce en la sensación que tienen los ciudadanos –y los delincuentes– de cuán seguro es un país. Panamá tiene fama de ser uno de los países más seguros de la región, pero el ministro de Gobierno, Héctor Alemán, nos ha recordado que, en el caso de la frontera oeste, hay que "retomar la soberanía".
Por años, la obsesión y los esfuerzos han estado volcados en la frontera este y los virus de inseguridad provenientes de Colombia. Mientras, en nuestra frontera con Costa Rica, cientos de pasos sin control han sido la autopista de traficantes y, últimamente, de sonados prófugos –Pariente o Amael Acosta, entre otros–. No hay que escatimar esfuerzos en cerrar el colador fronterizo para que la sensación de seguridad no quede más disminuida de lo que ya está.