A la palestra pública ha salido nuevamente el tema de la corrupción en la Corte Suprema. No solo la opinión pública abiertamente censura y castiga con su desaprobación la falta de transparencia y justicia en la gestión de algunos magistrados, sino que ese malestar cobra fuerza al conocerse los resultados de un análisis realizado por la Alianza Ciudadana que evidencia actuaciones procesales y fallos emitidos por algunos miembros del máximo tribunal de justicia que descaradamente pugnan con el derecho.
Ante estas revelaciones, el presidente de la Corte –respaldado por algunas voces disonantes que insisten en intentar esconder una abrumadora realidad– ha reaccionado contraatacando al mensajero, en lugar de mostrar algo de hidalguía y dignidad y aceptar el mensaje, por muy duro que este sea.
Acabando al mensajero no se extermina el mensaje que, al contrario, retumba alto y claro: la sociedad civil no aguanta más corrupción judicial. Es hora de ponerle punto final al bochorno nacional en que algunos de sus integrantes han convertido la otrora respetada y honorable Corte Suprema.