La seguridad nacional debe ser tratada de manera integral como un tema de Estado, más allá de políticas gubernamentales o las promesas de las autoridades de turno. Si bien hay que reconocer que la Policía ha dado muestras de rigurosidad en el verbo y en los propósitos, ahora hace falta actuación efectiva y resultados concretos.
La situación en la frontera revela que la seguridad -o más bien la falta de ella- aún no ha llegado a ser prioridad en la agenda del Ministerio de Gobierno y Justicia.
La noticia de que los profesores de un colegio capitalino se resisten a asistir al plantel por falta de seguridad y miedo a las pandillas estudiantiles, muestra que la inseguridad ha permeado a todos los estratos de la sociedad, invadiendo incluso lugares otrora seguros para los jóvenes. Es un problema que nos afecta a todos y por ello debemos también ser parte importante de la solución, planteada de forma armónica por las agencias involucradas de la administración pública.