La paz social no se forja con llamados a la violencia, protestas, disturbios o amenazas. Todos reconocemos que la seguridad social atraviesa una tremenda crisis, pero de ninguna manera la solución está en las calles.
La única manera de remendar las heridas y poner algo más que una pequeña e ineficiente curita, es coincidiendo en una fórmula que asegure la permanencia del sistema y la viabilidad futura de los frágiles programas sociales, hoy económicamente amenazados.
Ninguna aritmética hará milagros como tampoco los harán las palabras y discursos en las calles. La salida está en nuestras manos y en la voluntad de tomar efectivamente un remedio amargo pero duradero. Requiere la participación decidida y sensata de todos los sectores de la sociedad civil y del Gobierno.