Boquete es una oportunidad para probar la capacidad de Panamá para adaptarse y aprovechar esta prometida explosión turística y residencial. La falta de previsión en las infraestructuras necesarias para dar cabida a residentes y a turistas en todo el país puede ser el peor enemigo del desarrollo de esta industria de altos beneficios.
Si el extranjero llega al país atraído por nuestros atractivos y se encuentra con hoteles precarios, vías deficientes, restaurantes con problemas de atención o higiene, o servicios de alcantarillado o agua potable insuficientes, al regresar a casa sus comentarios ahuyentarán a otros potenciales turistas.
Por eso, Boquete debe afrontar con celeridad su transformación de pequeña población a ciudad con movimiento y nuevas necesidades. Los errores cometidos en otras zonas nos deben servir para mostrar que entendimos el mensaje.