Vuelve a relumbrar el tema de la amenaza terrorista. Advertir que el Canal de Panamá es un posible objetivo terrorista, es como descubrir el agua tibia. Desde su construcción, y conforme fue adquiriendo relevancia como paso de las armadas y del tráfico marítimo mundial, ha sido un objetivo militar. Ahora lo es para los desalmados terroristas y, por supuesto, debemos tener cautela.
Lo que es preocupante, sin embargo, es la solapada relación que las declaraciones deslizan entre la defensa del Canal y la actitud panameña por vivir en una nación desmilitarizada. Que entienda Washington de una vez por todas: ¡hemos dicho que no a una remilitarización de nuestras fuerzas de seguridad! Es una decisión soberana de los panameños que los estadounidenses, en vez de cuestionar, deberían apoyar y propagar por la región, una región lacerada por décadas de dictaduras militares.
Tenemos razones de sobra para justificar una patria libre de ejércitos, pero con fuerzas policivas profesionales y eficientes. Como bien lo señala el Administrador del Canal, al terrorismo se le combate con inteligencia, no con ejércitos. ¡Mire a Irak, Presidente Bush, y quizás empiece a comprender a los panameños!