La noticia no iba a ser grata, así que la distracción sirvió bien. Unos días antes del festivo de fiestas patrias prolongado este año por la visita del presidente Bush dos magistrados del Segundo Tribunal Superior se pronunciaron sobre uno de los más emblemáticos casos de corrupción del país. Por supuesto, los magistrados echaron mano de la inmunidad -que ya había servido para cobijar al ex presidente Pérez Balladares como diputado del infame Parlacen- para arropar al resto de los implicados, un selecto grupo de cercanos colaboradores del antiguo mandatario, incluyendo al primo y asesor del actual Presidente de la República. Las investigaciones preliminares que llevó a cabo la Contraloría General en su momento, apuntaban hacia un mayúsculo caso de corrupción. Los indicios eran gravísimos y no quedaba duda de que se debió investigar el fondo del caso. No ocurrió. El ex presidente se libró, no por falta de méritos, sino por una triquiñuela legal: reclamó su inmunidad; inmunidad que llegó como combo familiar agrandado para que todos celebren tranquilos. La impunidad ha vuelto a triunfar.
Hoy por Hoy 2005/11/14
14 nov 2005 - 05:00 AM