Desde 2003, el salario mínimo no se ha movido. Sin embargo, los precios sí han aumentado y este año 2005 ha sido especialmente inflacionista.
La realidad aboca a los sectores -empresarios y trabajadores- a ser flexibles en sus posturas para lograr un consenso que redunde en la mejoría de la calidad de vida de los trabajadores. Ni se puede congelar el salario mínimo, ni se pueden hacer pedidos de Navidad que hablen de cifras imposibles alejadas de la realidad nacional.
Los empresarios ya han reconocido que el aumento es inevitable e, incluso, algunos se han atrevido a mencionar cifras de alzas significativas. Los sindicatos deben ahora mostrar una actitud estratégica porque el otro camino, el habitual, es el de la decisión unilateral del Gobierno. La oportunidad está servida, los actores tienen ahora que jugar su papel de manera inteligente y con la meta de buscar el bien general.