Colón no tuvo noviembre sangriento y hay que alegrarse de que los temores, al menos, hayan servido para que la Policía y el Ejecutivo pusieran atención al problema de seguridad pública que vive la segunda ciudad más importante del país. Pasada la situación de alerta, nada cambia en cuanto a las necesidades de Colón. No es el momento de la autocomplacencia, en el que se retira el pie de fuerza, se aplaude que las fiestas patrias se hayan podido celebrar y se vuelve al letargo habitual. Este es el momento que hay que aprovechar, cuando la población está concienciada y las autoridades presionadas, para exigir políticas articuladas que, por una parte, mejoren la calidad de vida y generen salidas de futuro para la juventud colonense y, por otra, mejoren la imagen de la ciudad, ya que cualquier turista o panameño no colonense que haya seguido las noticias debe sentir temor a pisar esas calles tan estigmatizadas. El noviembre próximo, debe ser el de la alegría.
Hoy por Hoy 2005/11/27
27 nov 2005 - 12:00 A M
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