Panamá ha logrado buenos términos en lo negociado hasta ahora con Estados Unidos en el TLC. No era fácil, porque hay clara desigualdad en la mesa cuando se negocia con la potencia comercial del mundo. Pero queda un escollo infranqueable: los controles fito y zoosanitarios a las importaciones estadounidenses.
La realidad es cruda: Washington no va a ceder en este punto porque ya se lo ha impuesto a otros países y Panamá no va a ser la excepción. Así que el debate y las consultas deben girar en torno a si nos conviene o no este TLC, y no exclusivamente al tema sanitario. El país, Gobierno y sectores privados deben decidir qué es mejor. Si decidimos que el tratado, en su conjunto, no es beneficioso, entonces el debate sobre la "carta" termina siendo estéril.
La responsabilidad es enorme, mucho más grande que los intereses de uno u otro sector productivo. Tampoco hay cabida para que los partidos políticos traten de sacar dividendos demagógicos ya que, cuando se negocia con un coloso, los panameños tenemos que hacer causa común. Toca ahora ponerse el traje de estadista y abordar el futuro con sabiduría.