Las llamadas ‘regatas’ de carros, que clandestinamente se ejecutan cobijadas en la nocturnidad y la incapacidad policial, no solo son un acto de locura juvenil apoyado con plata familiar y consentimiento social, sino que sus protagonistas se permiten el lujo de argumentar en su defensa que estas carreras hacia la muerte no han cobrado víctimas. Pero los deudos sí lloran a sus muertos –recuerden la Calle 50, la Santa Elena y la Tumba Muerto-. Estas carreras son un peligro demente para quienes participan pero, especialmente, para los ciudadanos que circulan tranquilamente sin imaginar que pueden ser víctimas de atropello o colisión por estos personajes que, además, se permiten el lujo de amenazar de muerte a quien devela su misterio. Es urgente la acción oficial. Los agentes de policía saben cuándo y cómo se producen las ‘regatas’ y, probablemente, también conocen quiénes son los personajes en estos eventos. No actuar sería apadrinar la locura colectiva o reconocer que sí hay coimas bajo la mesa, tal y como descaradamente presumen estos ‘pilotos’ con exceso hormonal.
Hoy por Hoy 2006/03/14
14 mar 2006 - 12:00 A M
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