El mercado internacional del petróleo está disparado y las consecuencias las sufrimos todos por cuenta de aumentos desorbitados que están limitando de manera real la economía doméstica. Las campañas emprendidas por la Comisión de Ahorro Energético quedan obsoletas ante estas alzas de dos dígitos que impactan la vida cotidiana.
Frente a este nada prometedor escenario, vemos dos alternativas. La primera está en manos de nosotros los consumidores y consiste simple y llanamente en autoimponernos una cultura de ahorro frente a una cultura de carro. La segunda, sí es responsabilidad del Gobierno y consiste en un plan serio y a largo plazo para minimizar la excesiva dependencia petrolera de Panamá.
Otros países vecinos comenzaron a buscar alternativas hace décadas, a nosotros nos toca recuperar el tiempo perdido aplicando fórmulas imaginativas y atrevidas. La situación actual solo ayuda a contraer el consumo, a penalizar la producción nacional y a dañar la calidad de vida de la mayoría.