Las frías cifras por regla general esconden realidades crudas que solo cuando nos tocan directamente cobran algún sentido. La Autoridad de Tránsito ha revelado discretamente –pues reconoce que no mantiene estadísticas– que el 90% de las víctimas de los ‘diablos rojos’ esperaba el autobús en la parada, cruzaba la calle o simplemente caminaba por la acera; en otras palabras, fueron arrolladas por conductores del transporte público.
En adición, si tomamos en cuenta que un tercio de esos atropellados fallece, los números empiezan a retratar la magnitud de las consecuencias de algunos transportistas irresponsables quienes no solo escapan al rigor de la ley, sino que manejan y hasta ceden sus cupos al margen de la misma. Nos han dicho que hay un plan para endurecer las sanciones, que se estudia un sistema de puntaje para incrementar las penas y algunas otras novedades en materia de seguridad vial. Nosotros nos conformaríamos apenas con que la norma vigente se aplicara con rigurosa inflexibilidad.