Un reciente caso de colisión que produjo la muerte de un matrimonio y en el que está involucrado un abogado con algún grado de influencia profesional mantiene preocupada a la sociedad. Ello, ya que varios ingredientes confluyen para abonar la sensación de una brecha en la aplicación de las leyes.
El abogado implicado conoce perfectamente todas las artimañas del sistema, cuenta con el apoyo de influyentes personajes, dictámenes médicos de sospechosa credibilidad y actuaciones más que extrañas en las horas siguientes al ahora confuso incidente. Panamá no aguanta un caso más de desigualdad en la justicia.
Mientras que al taxista que presenció los hechos se le retuvo como testigo, al principal protagonista se le permitió pasear antes de ser ingresado en una clínica privada; mientras las víctimas mortales ya no pueden reclamar, la defensa del sospechoso de homicidio culposo alega que se trata de una campaña de descrédito contra el abogado y reclama justicia. Es la oportunidad para poner fin a estos peligrosos juegos que a punta de argucias y tecnicismos logran reinventar la realidad. Este caso es de los que marca diferencias.