Como casi todos los problemas que atormentan a nuestro país, el tema de la educación es un asunto de voluntad política y capacidad, más que de recursos. Panamá necesita autoridades educativas valientes y con alta formación en lo gerencial y en lo pedagógico.
Encontrar modelos innovadores de gestión –como la educación pública concertada con entes privados sin ánimo de lucro-; emprender una necesaria y profunda reforma educativa; capacitar a los docentes con ayuda de las nuevas tecnologías de la información; pasar de un modelo de enseñanza unidireccional a uno de aprendizaje activo; empoderar a los colegios y escuelas pero con exigencia de resultados, recuperar la dignidad de la formación en oficios... todas estas líneas de trabajo deben acometerse respondiendo a un plan serio que guíe los esfuerzos.
Lo más grave es que todo esto ya se habló en el Diálogo Nacional por la Transformación del Sistema Educativo Nacional de 2002 pero, como es habitual, ese esfuerzo ingente quedó en el recuerdo y cada nueva autoridad se decide a reinventar la rueda. Y ahí vamos, dando vueltas y rodando en lugar de dar el salto que haga la diferencia.