No está bien reanudar la temporada escolar con la sombra de un paro de maestros a las espaldas, así sea de un sector del magisterio. Lo que menos quieren hoy los padres y las madres de familia es que haya una suspensión de clases a la vuelta de unos días y que sus hijos se conviertan de nuevo en escudos de la protesta docente.
El concepto de comunidad educativa implica que todos los sectores involucrados con ella tengan voz, voto, y que aquello que digan sea escuchado y acogido por los demás. De no ser así, se estaría bajo la dictadura de uno de esos grupos.
En momentos en que se cuestiona tanto la calidad de la formación que se imparte, lo que menos se necesita es persistir en posiciones intransigentes o amenazantes. Ya el Gobierno y algunos de los gremios de maestros cedieron en sus puntos de vista y fijaron sus compromisos a futuro. Prolongar esta crisis es desgastarse más y dejar de lado lo más importante: cómo mejorar de una vez por todas la educación. La sociedad demanda de todos los sectores involucrados un compromiso real, no retórico, de cara a construir un mejor país.