Llueve sobre mojado en la educación porque a las amenazas de los docentes se une la actitud negligente de aquellos padres y madres que ayer no enviaron a sus hijos a clase a pesar de que no había ninguna suspensión formal en las escuelas.
Si hay un sistema que necesita de la participación y compromiso de todos los sectores es la educación. Pero, en lugar de observarse una actitud de colaboración y de esfuerzo común, vemos cómo en el hogar cómodamente se achacan todos los males a la docencia; mientras que entre los educadores se sitúa el inicio del fin en las casas. Igual ocurre entre autoridades y docentes, y si preguntáramos a los alumnos, las culpas se repartirían por igual entre padres, maestros y funcionarios administrativos.
Tenemos dos opciones, o continuar en este juego de acusaciones cruzadas y poco productivas, o decidimos que la educación es algo demasiado importante como para permitir que se utilice en función de beneficios particulares. Para que eso ocurra, una actitud más flexible del FAM, sería imprescindible.