Las celebraciones del segundo año del actual gobierno no van a ser muy alegres si el clima social se sigue deteriorando. Hay varios paros en marcha, instituciones tambaleantes y sensación de desorden. Las razones de este descalabro son múltiples, pero hay tres que presionan las calles con intensidad.
Por un lado está el chantaje de aquéllos que, sabiendo que el gobierno no quiere ruido ante el próximo referendo del 22 de octubre, tratan de sacar beneficio amenazando con parar escuelas, trancar calles o incitar al desorden. En río revuelto, ellos esperan sacar beneficio. Por otra, hay miles de ciudadanos que siguen excluidos de las ventajas del desarrollo de la economía panameña y no hacen sino reclamar su espacio en la fiesta de dividendos.
Por último, este clima es calentado cada día por la falta de cambios en las prácticas politiqueras y por la parálisis oficial, cuyas acciones parecen reducidas a la repartición de subsidios y a la promesa de un futuro mejor que no tiene asidero en el presente. El presidente Torrijos debería despertar si quiere celebrar el tercer año con un ambiente más propicio.