Sobredimensionar los fracasos es tan grave como inflar los éxitos. Pero este último defecto es peor en un gobernante porque de tanto repetir medias verdades puede terminar por creerlas.
Eso es lo que le puede pasar a Martín Torrijos si su discurso pro inversión -tan beneficiosa para el país- se distancia de acciones concretas que impidan que se rompa la burbuja de cristal optimista que promueve entre banqueros y empresarios en el exterior. Ningún país puede atraer inversión y vender competitividad doméstica si al mismo tiempo las instituciones garantes de la seguridad jurídica se caen a pedazos.
Para las entidades internacionales no es un secreto los retos sociales que enfrenta Panamá. Son igualmente conocidos los saltos en crecimiento económico en comparación con nuestros vecinos de la región. Pero los logros y avances solo se podrán cacarear con justificado orgullo nacional cuando estén acompañados de transparencia en la gestión, intolerancia a la corrupción y adecentamiento a la frágil justicia panameña, hoy día en harapos.