Cuando se desata una crisis médica de proporciones como la que conocimos a últimas horas de ayer, la calma es la mejor receta. Pero también la transparencia durante todo el proceso. Somos conscientes de que nuestros médicos especialistas están en una carrera angustiosa para determinar qué está causando estas extrañas muertes, pero la ciudadanía tiene el derecho de estar informada al minuto y con total sinceridad de lo que está ocurriendo.
Esperamos que así lo entiendan los responsables del Ministerio de Salud y que no tengan la tentación de minimizar lo que, a todas luces, es grave. Con toda calma, pero con mucha energía, Panamá debe pedir ayuda al exterior si no puede dar con el origen de este cuadro clínico y destinar todos los recursos humanos y económicos necesarios para afrontar la situación.
Los ciudadanos, mientras, debemos conservar la serenidad, ser precavidos y mantenernos atentos a las instrucciones que divulguen las autoridades sanitarias.