Frente a los graves problemas que enfrenta la educación panameña, uno se pregunta qué hacen los diputados de la Comisión de Educación aprobando una ley que determinará que cada septiembre este país deberá dedicarse a "conservar, divulgar y promover la buena moral cristiana". Y que, además, un día de ese mes –el 30 de septiembre– se dedicará a las sagradas escrituras.
La cosa no se queda en pronunciamiento retórico: los diputados aprobaron en primer debate que "las entidades del Estado, los municipios, las escuelas públicas y privadas" quedan facultadas para promover el "mes de las sagradas escrituras", lo cual es violatorio de la libertad de culto que consagra la Constitución. Cuando se habla de la decadencia del debate legislativo se hace alusión precisamente a casos como este.
La lucha por establecer claramente la separación del Estado y de la Iglesia –todas ellas– se libró en este país y en Occidente hace décadas. Parece que los honorables no se han enterado.