Las sombras sobre la transparencia en la crisis sanitaria que sufre el país son tan peligrosas socialmente como letal es el tóxico colado en los jarabes. Desde el primer día, pedimos a las autoridades claridad y respeto a la ciudadanía en el manejo político e informativo que se le diera a la situación. Nuestros temores no eran infundados.
Se basaban en antecedentes históricos y en realidades actuales. Ocultar, manipular o velar son verbos que pocos políticos se abstienen de conjugar. Por eso, es necesario ahora exigir que, de manera paralela a la investigación que adelanta el Ministerio Público, se nombre una comisión independiente que tenga acceso a toda la información del caso y que, una vez analizada, sea transmitida al país.
Lo merecemos como sociedad madura y lo merecen los familiares de los afectados que, en esta historia, han engrosado la lista de "víctimas colaterales". ¿Cómo se resarce a estas víctimas?, ¿cómo se repone una vida perdida de una forma tan dramática? De momento, la primera medida de justicia es la verdad, ese bien esquivo que es la base de la confianza.