La reforma emprendida por la Universidad de Panamá no puede quedarse en cambios curriculares menores. Su papel como mayor centro de educación superior del país le obliga a tener un proyecto formativo y una estructura modernos que le permitan responder a los retos de formación profesional que impone un mundo globalizado. Y ello tiene que ver con tres componentes básicos que deben avanzar paralelos: una docencia dinámica, que rompa con modelos pedagógicos viejos e incorpore el dominio de una segunda lengua y el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; el fortalecimiento de la investigación, como eje que permita la generación de nuevos conocimientos, de nuevos saberes; y un amplio programa de extensión que saque a la universidad de sus campus y la ponga al servicio de las comunidades. La tarea es titánica no solo por el tamaño de la institución sino, sobre todo, por lo que la sociedad panameña reclama y exige a esta universidad.
Hoy por Hoy 2006/11/04
04 nov 2006 - 12:00 A M
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