La perversa práctica de extender certificados médicos alegremente dice mucho de los componentes éticos de la profesión. Por décadas, las autoridades laborales y de Salud han tolerado la arraigada costumbre de permitir certificados firmados sin siquiera hacerles un examen mínimo a los pacientes o después de que ellos mismos confiesan sin pudor que no están enfermos.
Los propios empresarios viven resignados a una práctica que dice mucho de la pureza y rigurosidad del sistema laboral istmeño. Y en el reinado de la impunidad, más que hablar de la evidente irresponsabilidad de aquellos que ven su profesión como simple negocio, queda una vez más al descubierto la ausencia total de controles por parte del Estado , porque esta práctica no es nueva y además está bastante extendida.
Ahora que se anuncian reformas profundas al sistema de Salud del país, el Gobierno tiene que avanzar hacia una política integral que frene ámbitos oscuros como este, que recuerdan que los problemas son más hondos de lo que a simple vista se ve.