El camino al primer mundo debería estar pavimentado de transparencia, independencia de poderes y confianza en las instituciones. Una vez más, la Corte Suprema de Justicia nos desilusiona y nos preocupa al gastar su cupo en el Tribunal Electoral (TE) nombrando a un magistrado con conocidos y contundentes vínculos con el PRD.
En vez de dar el ejemplo -el único de los tres órganos que es, en teoría, apolítico y técnico- con una persona de clara trayectoria de independencia e integridad, la Corte optó por esa mezcla de jurista-político que tanto daño le ha hecho ya a la credibilidad de las instituciones jurídicas. Ojalá nos equivoquemos, pero la señal es de mal agüero.
Es difícil creer ahora que el Ejecutivo y el Legislativo, que tienen en sus manos los otros nombramientos, vayan a tomar distancia y a optar por ciudadanos independientes. Resulta agotador comprobar como el desarrollo político del país va a una velocidad muy diferente al desarrollo económico o social, que parece contar con una sociedad civil mucho más madura que sus políticos y magistrados.