Nadie piensa cuánto gana un alto funcionario del Estado o un miembro de un órgano de representación popular cuando es eficiente, responde a los intereses ciudadanos y es honesto. Pero eso se vuelve motivo de repudio cuando la gestión pública es ineficaz o está rodeada de dudas. O cuando se descubre que los funcionarios no saben siquiera lo que pasa en sus instituciones. Las condiciones físicas tan deplorables que tenía el laboratorio de producción de medicamentos de la Caja de Seguro Social, la falta de higiene y la carencia de equipos adecuados revelan una grave responsabilidad en la cadena de mando y dirección en toda la estructura que maneja la salud en el país. El problema de este laboratorio no fue solo con la materia prima que utilizaba sino de una negligencia general en su gestión. Resultaría inverosímil una explicación de que nadie conocía esto o que no era responsabilidad de los altos directivos. Pero como son las cosas aquí, es posible que contesten eso.
Hoy por Hoy 2006/11/19
19 nov 2006 - 05:00 AM