Han pasado 22 años desde que la epidemia del sida se instaló en nuestras sociedades. En Panamá, según las estimaciones de Naciones Unidas, casi un 1% de la población –unas 20 mil personas- vive con el VIH en este momento. Las cifras, y el triste tercer lugar que ocupamos en el ranking centroamericano, nos obligan a hacer un alto en el camino y reflexionar sobre qué debemos hacer.
El Gobierno tiene la obligación de incluir la prevención, aprovechando todo el aparato estatal y convirtiendo la lucha contra el sida en política de Estado. Pero la sociedad, nosotros, tiene mucho más trabajo. Vivimos en sociedades de marcado carácter machista, donde la doble moral es tolerada y da cobijo a relaciones sexuales impregnadas de mitos y riesgos.
El sida es difícil de frenar porque se refiere a ese ámbito tan privado. Si la sociedad no cambia, el virus tendrá el camino pavimentado. Si comenzamos a vencer prejuicios y a educar a nuestros hijos e hijas, estaremos levantando barreras contra esta epidemia que ha acabado con la vida de casi tres millones de personas en todo el mundo en 2006.