El nuevo Reglamento de Tránsito que hoy entró en vigencia no es, en sí mismo, la fórmula mágica que solucione la caótica manera en que muchas personas se comportan frente al volante.
Se requieren dos condiciones para que esta nueva normativa sea efectiva y cumpla su objetivo: que haya una acción decidida y real de las autoridades por sancionar a quien infrinja la ley, porque es una burla saber que hasta ahora muchas boletas expedidas se quedan en el papel, se acumulan sin que jamás se pague la multa, o que por medio de una coima se arregle el problema.
La otra parte nos corresponde a los ciudadanos que, independiente de normas como esta, tenemos que tomar conciencia de que nuestro actuar debe estar regido por una ética que nos lleve a comportarnos en procura del bien general y no simplemente por temor a una sanción.
Las leyes son claras y lo que se necesita es el compromiso de todos, Estado y sociedad, para hacer del espacio vial que compartimos un lugar más amable y más humano.