Mientras el país se encarrila por senderos de progreso y bienestar, los panameños aún debemos soportar la inaudita y descarada violencia que, en vez de disminuir, parece ganar terreno sin más obstáculo que las palabras de un funcionario –el jefe de la Policía Nacional– que promete hacer más, pero que los delincuentes no toman muy en serio.
Los hechos ocurridos ayer en esta capital y en Colón revelan con singular crudeza que los antisociales no guardan ningún respeto por la autoridad. Si bien es cierto que hubo capturas y de que se frustró un asalto, el Gobierno debe hacer un mayor esfuerzo en invertir en programas de prevención y, lo que es más importante, en guiar por los derroteros del bien a los jóvenes menores de edad, muchos de ellos víctimas de la marginación.
Si para algo sirve el dinero que genera el progreso, no es para engrosar los fajos de billetes que algunos funcionarios se embolsillan de nuestros impuestos, sino para que todos podamos convivir en paz y tranquilidad.