Hay una distancia sutil entre el discurso y la provocación, entre la anécdota más o menos subida de tono y la imprudencia temeraria. Ese es el juego en el que están algunos de los nuevos dirigentes latinoamericanos alineados en el club chavista.
El gesto peligroso de la semana ha sido el de recibir y pasearse con Mahmoud Ahmadinejad, el Presidente de una nación -Irán- que mantiene un pulso peligrosísimo con la comunidad internacional en un inaceptable desafío nuclear. Para el Presidente iraní ha debido ser un alivio sentirse recibido y abrazado en algún lugar del mundo, pero eso sitúa a Latinoamérica en una posición delicada en el concierto internacional.
Chávez ha logrado que el coro angelical compuesto por Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa le acompañe en este tipo de originales iniciativas, pero esta vez se le ha ido la mano. Si la revolución bolivariana se piensa alinear con la revolución de los Ayatolás... la cosa es más grave de lo que se pensaba.