El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha pisado el acelerador. Antes de las elecciones del pasado diciembre, Chávez centró su discurso en el amor, pero no ocultó sus intenciones de radicalizar la construcción de lo que él denomina "socialismo del siglo XXI", un coctel con pocas definiciones pero que es explosivo.
Los superpoderes que ayer le otorgó la Asamblea Nacional de Venezuela para legislar por decreto los próximos 18 meses son la prueba de que lo que tiene pensado lo quiere hacer rápido y sin disenso. Lo que ha pasado, una verdadera catástrofe para la tambaleante democracia venezolana, es consecuencia del error político de la oposición, cuando decidió no presentarse a las elecciones legislativas de 2005, y del proyecto chavista, que acapara cada espacio político y social y no lo vuelve a soltar.
Los poderes de Chávez coinciden además con su estrategia para, ya que no tiene oposición, acabar con los díscolos de su entorno al exigirles la filiación al nuevo Partido Socialista Unificado de Venezuela... ¿Por qué será que recuerda tanto a las maniobras de los primeros años de Fidel Castro cuando llegó al poder?