Estirar un país, una ciudad, un barrio, a punta de rellenos no parece muy recomendable, aunque ha sido una práctica habitual en Panamá. Ahora, vemos las consecuencias en la Avenida Balboa, un relleno afectado por el simple paso de camiones. Cualquier ciudadano se preguntaría entonces: ¿qué ocurrirá con los edificios planeados en ese trozo robado al mar?
La situación es más preocupante de lo que parece. Rellenos sin permiso en isla Perico, le siguen otros en Naos y Flamenco; uno lujoso y sobresaturado como el de Punta Pacífica, que no es más que eso... un relleno; Colón también contribuye a la sumatoria con otro relleno... No es que técnicamente no sean viables, es que, dado el desorden y la falta de fiscalización, hay que dudar de la calidad y de la vida útil de los mismos.
Además, las infraestructuras básicas no han sido adecuadas para dar servicio a estos proyectos a los que les faltan muchos cabos por atar. Alerta para estas obras y construcciones sin orden ni concierto.