Hasta ahora Panamá tenía una justicia sorda, lenta y desacreditada. Pero, ahora, gracias a la inestimable colaboración del Gobierno Nacional y de los no menos diligentes diputados, la Justicia panameña también va a estar ciega.
El nuevo código que galopa en la Asamblea Nacional incluye, entre otras bellezas, artículos que descaradamente cercenan la libertad de expresión, reservando áreas oscuras donde nadie podrá husmear, donde la transparencia será un término prohibido. Los propuestos artículos 187, 189 y 422, por ejemplo, impiden divulgar "información reservada en materia política, diplomática o policial" e imponen cárcel a quien lo haga.
También mandan a La Joya a quien reproduzca la fotografía de personas, sacadas de archivos o de medios electrónicos. Incluso, prohíben la reproducción de correspondencia que no haya sido ‘‘escrita para ser publicada’’.
Con estas aberraciones legislativas los medios de comunicación se condenan a ser meras oficinas de prensa del poder de turno, y los jueces se hinchan como férreos guardaespaldas del mismo. Permitir que este exabrupto se torne Ley es aniquilar la libertad de expresión y el derecho a disentir. ¡Oscuridad y cadenas!