Las finanzas públicas de 2006 cerraron con un superávit. La noticia es buena y reversa una década completa de resultados deficitarios en las cuentas del Estado. El excedente es la consecuencia de un año en que las cuentas oficiales se han visto beneficiadas por el aumento en las tasas impositivas, por aportes extraordinarios del Canal, así como por el impresionante auge económico que experimenta el país.
Pero el momento es propicio para decisiones responsables y, como todo buen padre de familia, el Gobierno debería aprovechar los ingresos adicionales, producto de la bonanza y del pago extra de impuestos, para disminuir la abultada deuda externa.
Los buenos tiempos no duran para siempre y de estadistas sería aprovechar el momento para detener el endeudamiento público y reducir la enorme carga que la república de Panamá paga anualmente en concepto de intereses y abonos a capital por los millonarios empréstitos. En estas condiciones, no existe justificación alguna para que nuestra deuda pública siga engordando.