Al comenzar mañana el año escolar, algunas escuelas retornarán a los males de siempre. Seremos testigos de estudiantes que entran a salones con sillas viejas e inservibles –o sin ellas–, con aulas a medio terminar, con tejados agujereados, con baños impresentables, con profesores de menos y seguramente presenciaremos a docentes y alumnos en protesta por estas o alguna otra razón similar. Lo mismo cada año. A pesar de las inmensas sumas presupuestadas, seguimos con una educación oficial deficiente, muy lejos del ideal que nos merecemos. Por encima de las carencias físicas, hay una gran ausencia en la calidad de la instrucción y los gremios magisteriales tienen también una deuda con la sociedad que solo les escucha sus reclamos salariales. Y esa no es la peor parte. A Panamá le llegó el futuro de pronto y, desgraciadamente, no estamos preparados para satisfacer las exigencias de un país que ha despertado del letargo económico. El auge llega en un momento en que la educación parece estar de vacaciones, cansada y consumida. En vez de seguir presumiendo de los rascacielos, construyamos las bases de nuestro sistema educativo que es la única manera de sostener el desarrollo nacional.
Hoy por Hoy 2007/03/11
11 mar 2007 - 05:00 AM