Hay países donde las cosas funcionan según la razón. Si el transporte de la capital de Chile no funciona, cae el ministro. Si hay escándalos en los ministerios de Defensa y de Justicia, sus titulares caen.
Si la agenda legislativa del gobierno no camina, el secretario general de Presidencia cae. No es que ellos sean los culpables de todos los males, pero sí parece que la presidenta Michelle Bachelet conoce el significado del concepto "responsabilidad política". Qué lástima que a su paso por Panamá no le diera algunas lecciones a Martín Torrijos.
Hoy, cuando conocemos que son más los casos de muertes por contaminación con dietilene glycol, cuando el transporte en la capital sigue siendo un caos o cuando los resultados en la lucha contra la delincuencia son pírricos, nadie, ni un solo funcionario público de alto nivel ha asumido la responsabilidad política. Todos siguen en sus oficinas, con excusas vagas y cero efectividad. No hablamos de culpables en cada desastre, de eso se encargará la justicia o la historia, pero en política hay que asumir las responsabilidades si se quiere cumplir con los principios de honestidad y de rendición de cuentas.