La llamada cinta costera es un proyecto cuya necesidad práctica no está en discusión. La ciudad y en especial la Avenida Balboa requieren una solución vial que realmente sirva para descongestionar este importante boulevard y a la vez, coadyuve al saneamiento de la bahía. Pero, poner el acelerador a este proyecto urbano despierta toda suerte de suspicacias. ¿A qué obedece la súbita urgencia?
¿Quién está detrás de la obra que ha logrado en unos pocos meses poner en la agenda del Gobierno un tema que llevaba décadas de atraso? Para evitar más voces opositoras no hay mejor antídoto que la transparencia y la amplia participación de la sociedad civil.
El proceso de licitación, el diseño conceptual debidamente homologado y la comisión evaluadora que finalmente adjudicará el desarrollo de la obra, deben ser asunto público. Al final, se trata de una oportunidad sin precedentes que tiene la actual administración de hacer una obra que sea el orgullo citadino por su belleza y funcionalidad o, por el contrario, dejarnos un adefesio que no responda más que a los intereses particulares de un grupo allegado al poder.