La renuncia de Dani Kuzniecky ha despertado justificadas suspicacias. Ni siquiera las apariencias se han guardado en un nombramiento que es privativo de la Asamblea Nacional y del cual el Ejecutivo ha dispuesto sin ambigüedad alguna. Más allá del duro golpe dado a la institucionalidad y al equilibrio constitucional, quedan abiertas graves interrogantes ante los juegos de poder del Presidente. Kuzniecky demostró probidad y rectitud en un país avasallado por la corrupción.
Entonces, ¿por qué el cambio? ¿No era el combate a la corrupción una de las prioridades de esta Administración? ¿O es que Torrijos pretende hacernos creer que Carlos Vallarino es garantía de independencia al frente de la institución llamada a fiscalizar al propio Torrijos? Los diputados del PRD pronto dejarán intacta su bien ganada reputación de sumisos, accediendo a los antojos del Presidente y colocándole a quien tiene una carrera política desarrollada a la sombra del Ejecutivo y, por supuesto, cargada de deudas políticas que habrá que pagar.
¡Cuán diferente sería la opinión sobre nuestros diputados si tan solo en esta ocasión estuvieran a la altura de su responsabilidad constitucional y designaran a un Contralor que diera garantías de independencia!