La Asamblea se apresta a nombrar a un nuevo Contralor. Y tendrá que hacer una elección: transitar por el camino fácil o por el difícil. El fácil es, por supuesto, nombrar a Carlos Vallarino, salido de las entrañas mismas del PRD y de dudosa independencia, pues es parte de un órgano al que tendría que fiscalizar. ¿Cómo pretender que le diga no al Presidente si a él le debe el cargo que ocupa hoy?
La salvaguarda de esa independencia es precisamente el fundamento para confiar a la Asamblea la elección del fiscalizador de las finanzas públicas, y en especial, las del Ejecutivo.
La alternativa de los diputados es optar por el camino difícil, es decir, tendrían que despojarse de sus intereses políticos, electorales y personales para darle cabida a una persona independiente, sin ataduras políticas y con el comprobado deseo de servir al país. Los diputados tienen la opción de hacer un nombramiento de oro o simplemente dejar que se les salga el cobre. Las consecuencias las aguantaremos todos.