Hoy por Hoy 2007/05/05

Hace algunos años, una de las zonas más codiciadas en la ciudad eran las áreas revertidas. La ilusión de su enorme potencial residencial, en armonía con un desarrollo comercial cónsono con la naturaleza, rondaba en la mente de muchos. Pero la realidad ha sido otra, desafortunadamente. No ha sido suficiente el congestionamiento de torres que ya existe en el centro de la ciudad y la bahía para ahora repetir el caos con más torres en las riberas del Canal.

Amador, la joya de la corona, ha terminado siendo un interminable centro comercial sin valor estético alguno y rellenos sin justificación ni respeto por la belleza circundante. Una fábrica de cemento, petroleras y demás industrias terminarán por apropiarse del área, desperdiciándose así lo que pudo ser la “gran segunda oportunidad” de la ciudad de Panamá de integrar desarrollo con planificación, para servirle a los ciudadanos que aspiran a espacios públicos en armonía con la naturaleza y el buen gusto.

La selva, su flora y fauna pierden la batalla, y el hormigón y el acero se abren paso con la mirada cómplice del Gobierno central y del Alcalde ausente. ¿Hasta cuándo seremos víctimas de esta codicia sin medida?

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